Muchas ideas están en mi cabeza en este momento. Muchos deseos, muchos proyectos, muchos gritos que dar, muchos caminos que quiero recorrer, muchas cosas que compartir. Y, y... Canciones, poemas, libros, imágenes, colores, sabores... ¡Ruido! ¡Llanto! ¡Risas! ¡Silencio! ¡Todo!
No quiero ser enigmática. No hoy. No quiero rebuscármelas ni dar vueltas para dejar al descubierto parte de mi; una parte que poco conozco pero lo que he visto me quita le aliento, me hace sonreir y me deja descalza. Sí, descalza. Tal vez sienta frío, pero siento. ¡Y soy libre! ¡Puedo caminar, correr, saltar, hacer lo que yo quiera, y hasta tal vez lastimarme, pero siempre sabiendo que lo voy a sentir!
Dejemos de lado un momento las cosas que ya deseché. No es necesario volver a nombrarlo. Identifico lo que me hace daño, lo aparto y sigo adelante.
Miren qué brusco ha sido este golpe en medio de mi frente, que hasta me he planteado por qué ocurren las cosas y cómo es que se nos presentan; qué hay detrás de todo eso, o qué falta.
Aprendí en los últimos dos meses, aprendí mucho en muy poco tiempo. Aprendí a conocerme, a conocer a los demás, a aceptar ayuda, a escuchar, a compartir, a saber agradecer, a perdonar, a pedir perdón...
Desde ya pido mil disculpas si esto incomoda a alguien, tal vez por la manera en la que "suena", pero siento amor. Siento que quienes me rodean -quienes AHORA me rodean- sí o sí van a dejar una huella importante en mi vida, y que tengo que saber apreciarlo. Y también me sé capáz de marcar una mínima diferencia en la vida de los demás. Sé que puedo ayudar, sé que puedo calmar, sé que puedo consolar, sé que puedo hacer feliz a mucha gente (y a diferencia de lo que muchos creen, ¡se logra con muy poco!).
Siento amor. Y para los momentos en los que su existencia se pone en duda, únicamente hay que abrir los ojos. Ahí está. En los que te escuchan, en los que te dan una mano, en los que te prestan un hombro, en los que buscan tu ayuda, en los que tan solo quieren compartir un breve momento con vos por el solo hecho de hacerlo.
Un momento. Vos. Yo. Todos. Nosotros.
Compartir y amar.
Creo que jamás cumpliré con lo que prometo. Estoy en esas noches en las que me creo decidida a decir simplemente una cosa, y termino explayándome, corriendo el riesgo de quedar como una estúpida. Pero no me importa. Hoy no me importa.
Gracias a muchas pequeñas cosas hoy tengo la certeza que comienza una nueva etapa. Y es por eso que hoy me despido de este espacio. Si me preguntan por qué, la respuesta es muy sencilla: Perdí demasiado tiempo mostrando... bueno, penas, desgracias, ataques de ira y momentos desafortunados.
No quiero eso.
Quiero reir. Quiero compartir esas cosas que sí me hacen feliz.
:)
Ya apareceré con algún otro Blog. Sé que algunos se pondran más que contentos con el cambio, y otros no entenderán; mas tengo la sensación de que todos se van a sorprender...
Un abrazo muy fuerte a todos. Especialmente a quien se haya tomado el tiempo de leer esto...
... sin reirse mucho.
viernes 7 de agosto de 2009
viernes 3 de julio de 2009
Ira animi lutum vomit
Una vez vi un corazón sobre una mesa pequeña... De un lado había un Ciego, y del otro un Mudo. Dicen que pasaron días enteros intentando hacerle entender al otro a quién pertenecía semejante tesoro, pero que a pesar de los intentos no había forma de que se entendieran.
Con el paso del tiempo, el corazón fue echándose a perder. No así el interés de ambas personas.
Llegó el Otoño... El frío comenzó a ahuyentar a quienes presenciaban la disputa, por lo que pocos saben cuál fue su final.
Sospechan que al menos una de las dos personas fingía su discapacidad, tal vez por mera locura. Algunos aseguran que el Mudo no era tal, sino que nunca quiso hablar. Otros juran que el Ciego vio con lujo de detalles los gestos del anterior.
Yo creo en la palabra de los que allí estuvieron: El Mudo dejó el corazón sobre la mesa y se marchó, cansado de intentar emitir palabra alguna. Mas el Ciego no se apartó de la mesa, convencido de que todavía estaba en compañía.
Dicen algunos que el Ciego aún espera una respuesta. Otros, que alguien se robó el corazón. ¿Pero qué fue de la suerte del Mudo?
Nadie sabe.
Nunca quiso emitir palabra.
Con el paso del tiempo, el corazón fue echándose a perder. No así el interés de ambas personas.
Llegó el Otoño... El frío comenzó a ahuyentar a quienes presenciaban la disputa, por lo que pocos saben cuál fue su final.
Sospechan que al menos una de las dos personas fingía su discapacidad, tal vez por mera locura. Algunos aseguran que el Mudo no era tal, sino que nunca quiso hablar. Otros juran que el Ciego vio con lujo de detalles los gestos del anterior.
Yo creo en la palabra de los que allí estuvieron: El Mudo dejó el corazón sobre la mesa y se marchó, cansado de intentar emitir palabra alguna. Mas el Ciego no se apartó de la mesa, convencido de que todavía estaba en compañía.
Dicen algunos que el Ciego aún espera una respuesta. Otros, que alguien se robó el corazón. ¿Pero qué fue de la suerte del Mudo?
Nadie sabe.
Nunca quiso emitir palabra.
domingo 22 de marzo de 2009
Marioneta
Cuenta el cuento de la Marioneta, la que se movía sin ninguna queja, que tus dedos se divertían con maderas y un poco de cuerda.
Cuenta el cuento de la Marioneta, la que al llorar hermosa se veía, que en plena sombra la olvidabas, mas la buscabas cuando te aburrías.
Cuenta el cuento de la Marioneta, la que se permitió mil y una veces cambiar, que se cansó de bailar a tu ritmo y a tu manera.
Dime cómo sigue el cuento de la Marioneta, el día que la veas intentando darle al blanco con ese puñal que te acostumbró a herirle la espalda.
Cuenta el cuento de la Marioneta, la que al llorar hermosa se veía, que en plena sombra la olvidabas, mas la buscabas cuando te aburrías.
Cuenta el cuento de la Marioneta, la que se permitió mil y una veces cambiar, que se cansó de bailar a tu ritmo y a tu manera.
Dime cómo sigue el cuento de la Marioneta, el día que la veas intentando darle al blanco con ese puñal que te acostumbró a herirle la espalda.
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